Restaurantes bonitos en CDMX: Casa de los Azulejos.

En una ciudad llena de restaurantes diseñados para verse bien en fotografías, hay uno que no necesitó contratar a un interiorista para convertirse en escenario. La Casa de los Azulejos lleva siglos formando parte del paisaje del Centro Histórico, mucho antes de que alguien empezara a buscar “restaurantes bonitos CDMX” en Google.
Su fachada azul y blanca es una de las imágenes más reconocibles de la calle Madero, pero quedarse afuera sería desperdiciar buena parte de la visita. El patio, la escalera, los vitrales y las obras de arte convierten una comida bastante cotidiana en la oportunidad de sentarse dentro de uno de los edificios históricos más singulares de la ciudad.
Y ahí está precisamente su encanto: no hace falta reservar una experiencia de lujo ni esperar una ocasión especial. Se puede entrar por un café, desayunar unos chilaquiles o simplemente hacer una pausa durante un recorrido por el Centro mientras alrededor permanecen varios siglos de historia.
Casa de los Azulejos: un restaurante donde primero se mira hacia arriba
La primera recomendación al entrar es bastante sencilla: antes de buscar una mesa, mirar alrededor.
La propiedad está relacionada históricamente con los Condes del Valle de Orizaba y su imagen se fue transformando a lo largo de los siglos. Los azulejos azules y blancos procedentes de Puebla terminaron convirtiéndose en la característica que le dio su nombre y una nueva fachada fue incorporada cuando se amplió la avenida 5 de Mayo a principios del siglo XX. La propia guía oficial de Ciudad de México la identifica como uno de los grandes palacios residenciales históricos de la capital.
La fachada es suficiente para detener a buena parte de quienes caminan por Madero, pero el interior guarda algunos de los detalles que realmente justifican entrar. El patio principal quedó cubierto por vitrales cuando el inmueble fue adaptado para el negocio de los hermanos Sanborn, creando el gran comedor central que se conserva como uno de los espacios más reconocibles del lugar.
Mucho más que “el Sanborns bonito”
Es fácil resumirlo como “el Sanborns de los Azulejos”, pero la frase se queda corta. Sanborns ocupa el inmueble desde principios del siglo XX y la fuente oficial de turismo de CDMX sitúa desde 1918 su funcionamiento como farmacia, fuente de sodas y restaurante de Sanborn Hermanos. Actualmente la sucursal continúa operando en Francisco I. Madero 4, en pleno Centro Histórico.
Eso produce una situación bastante peculiar: se puede entrar a un restaurante de una cadena conocida en todo México y, al mismo tiempo, sentarse en un espacio que difícilmente podría replicarse en otra sucursal.
El verdadero atractivo no es encontrar una carta exclusiva. Es poder pedir algo relativamente sencillo mientras el edificio hace casi todo el trabajo alrededor.
El detalle que muchos pasan de largo: un Orozco en la escalera
Conviene levantarse de la mesa al menos una vez. En el descanso de la escalera se encuentra Omnisciencia, obra que José Clemente Orozco realizó en 1925. No es un elemento decorativo creado para el restaurante: forma parte de la historia artística del edificio y es una de las piezas que la guía oficial de la ciudad recomienda observar durante la visita.
También existe en el interior un mural de pavos reales realizado por el pintor rumano Pacologue, fechado en 1919. La convivencia entre estas obras, el patio, las columnas y los vitrales explica por qué Casa de los Azulejos funciona mejor cuando se visita sin demasiada prisa.
¿Vale la pena comer en Casa de los Azulejos?
Sí, pero conviene tener claras las expectativas. No se recomendaría Casa de los Azulejos porque tenga una de las cocinas más experimentales de Ciudad de México ni porque esconda un menú imposible de encontrar en otra parte. La recomendación tiene que ver con el conjunto: desayunar, tomar café o comer dentro de un edificio histórico en una ubicación excepcional y después salir directamente a una de las calles peatonales más transitadas del Centro.
Para quien visita CDMX por primera vez, tiene todavía más sentido. Permite conocer un inmueble importante sin convertir la experiencia en una visita formal de museo. Para quien vive en la ciudad, puede funcionar justamente al revés: es la oportunidad de volver a mirar un edificio frente al que quizá ha pasado decenas de veces sin detenerse.
Qué pedir si vas a Casa de los Azulejos
La carta corresponde a Sanborns, así que la experiencia gastronómica se mueve dentro de un repertorio bastante conocido de desayunos y cocina mexicana e internacional. Aquí MuchoMuy.MX no intentaría inventar un “platillo secreto” que justifique la visita.
Si se va por la mañana, un desayuno mexicano y café permiten aprovechar especialmente bien el patio. Si la visita cae a mitad de un recorrido por el Centro, también funciona simplemente como una parada para beber algo, descansar y observar el edificio desde dentro.
En este caso, importa menos encontrar el plato más extraordinario y más elegir una mesa desde la que se pueda disfrutar el espacio.
Cuál es el mejor lugar para sentarse
Si hay disponibilidad, el patio central es la zona que mejor resume la experiencia. La cubierta de vitrales permite que entre luz sin perder la sensación de estar dentro de un patio histórico y desde ahí se aprecian las columnas y corredores superiores.
Eso no significa que haya que rechazar la visita si no aparece inmediatamente una mesa perfecta. Parte del interés está en recorrer el edificio, así que incluso una mesa menos privilegiada puede compensarse caminando después por el interior.
Cuándo visitar Casa de los Azulejos
Las primeras horas de la mañana suelen ser especialmente atractivas porque permiten combinar la visita con un recorrido por el Centro Histórico y disfrutar mejor la arquitectura antes de que Madero alcance sus horas de mayor movimiento.
La sucursal Madero continúa activa todos los días; dado que los horarios publicados por Sanborns pueden actualizarse, vale la pena comprobarlos directamente antes de una visita específica.
Otra buena opción es entrar al caer la tarde, cuando la iluminación interior cambia el aspecto del patio y el contraste con el movimiento de la calle se vuelve todavía más evidente.
Por qué entra en una selección de restaurantes bonitos de CDMX
Porque aquí “bonito” no significa únicamente fotogénico. Casa de los Azulejos tiene algo que muchos restaurantes diseñados recientemente intentan fabricar y que este edificio obtuvo simplemente sobreviviendo: capas. La arquitectura, los azulejos poblanos, las obras de arte, la adaptación del antiguo patio y más de un siglo de vida comercial conviven dentro de un mismo espacio.
Puede que alguien llegue únicamente porque vio la fachada en una fotografía. Lo interesante es descubrir que adentro hay bastante más.
Preguntas frecuentes sobre Casa de los Azulejos
¿Dónde está Casa de los Azulejos?
Se encuentra en Avenida Francisco I. Madero 4, en el Centro Histórico de Ciudad de México, muy cerca de Bellas Artes, la Alameda Central y la calle 5 de Mayo.
¿Se puede comer dentro de Casa de los Azulejos?
Sí. El inmueble alberga la sucursal Madero de Sanborns y su patio interior funciona como restaurante. La presencia de Sanborn Hermanos en el edificio se remonta a principios del siglo XX.
¿Por qué se llama Casa de los Azulejos?
El nombre proviene del recubrimiento de azulejos azules y blancos de Puebla que caracteriza sus fachadas y convirtió al edificio en uno de los inmuebles más reconocibles del Centro Histórico.
¿Qué obra de José Clemente Orozco está en Casa de los Azulejos?
En el descanso de la escalera se encuentra Omnisciencia, una obra realizada por José Clemente Orozco en 1925.
¿Vale la pena visitar Casa de los Azulejos aunque no quieras comer?
Sí. El edificio es uno de los inmuebles históricos más reconocibles del Centro de CDMX. Entrar permite apreciar el patio, los vitrales, la escalera y distintas obras artísticas, incluso si la visita es solamente para tomar un café o conocer el interior.
¿Cuál es el mejor momento para visitar Casa de los Azulejos?
La mañana suele ser una buena opción para recorrer el edificio con más calma y combinar la visita con un paseo por el Centro Histórico. También resulta atractivo al caer la tarde, cuando cambia la iluminación del patio interior.
Un lujo bastante cotidiano en pleno Centro
Quizá esa sea la mejor manera de entender Casa de los Azulejos. No exige vestirse para una ocasión especial ni reservar una mesa con meses de anticipación. Se puede estar caminando por Madero, entrar por curiosidad y terminar desayunando bajo vitrales dentro de un edificio cuya historia se extiende mucho más allá del restaurante que actualmente lo ocupa.
Entre tantos restaurantes bonitos en CDMX, pocos pueden presumir algo parecido. La Casa de los Azulejos no necesita parecer histórica. Lo es. Y a veces sentarse a tomar un café dentro de ella es suficiente razón para volver al Centro Histórico.
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